Segunda Parte
Qué dice la Iglesia de la participación política
La Iglesia no ignora ni esconde la gravísima crisis económico-social que agobia a todos pero en especial a los más pobres. Por ello pide a los candidatos que presenten sus programas con veracidad y con toda claridad.
El derecho del pueblo de nombrar a sus gobernantes y de vigilarlos en el ejercicio del poder político es un derecho humano fundamental.
Las naciones democráticas descansan en la participación activa y receptiva de todos los miembros de la sociedad.
Nuestra Constitución Política lo establece de esta manera: "la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno".
Para que la participación política sea eficaz, debe ser:
Permanente: Aunque las elecciones son momento importante de vida democrática, la participación política no se reduce a ellas. La vida de la comunidad civil requiere la acción diaria de las personas, de las familias, los cuerpos intermedios.
Positiva: Es indispensable comprometerse personal e institucionalmente en la búúsqueda y aplicación de soluciones adecuadas con el criterio de servicio al bien común.
Crítica: La democracia auténtica es imposible sin la opinión pública, objetiva, valiente, constructiva. Las personas, los medios de comunicación social, los grupos intermedios, las iglesias no pueden renunciar a su condición de sujetos generadores de opinión crítica.
Liberadora: Su gran objetivo es la liberación de las opresiones sociales, económicas, políticas, culturales que impiden la realización de la persona humana, principio, sujeto y fin de todas las instituciones sociales.
Deber de participación política
El deber de actuar en el campo político es consecuencia del deber fundamental de la sociedad: la solidaridad.
La solidaridad nace de nuestra misma naturaleza: somos seres en relación. Por esto el principio, desarrollo y plena realización de la vida humana solo es posible en y por las relaciones con el mundo, con los demás, con las instituciones familiares, recreativas, económicas, religiosas, políticas. Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política... destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común.
Es necesario que la Iglesia preste mayor atención a la formación de la conciencia, prepare dirigentes sociales para la vida pública en todos los niveles,